Punto de vista de Mia
Me quedé tumbada en la cama, disfrutando de lo que me quedaba de sueño hasta que me despertó un ruido. Y no era sutil. No era el sonido de una cafetera ni el zumbido lejano de mi teléfono, sino una discusión acalorada y animada que venía de la cocina directo a mi habitación como si pagara el alquiler.
"Ya te comiste dos, literalmente."
"Mentira. Me comí uno y medio."
"Uno y medio siguen siendo dos, Miles."
"No lo es, Zara, y lo sabes. Eso es calumnia matemática."
Gemí contra la almohada.
Miles y Zara discutían como niños en la cocina. ¿Y qué es peor? Un lunes.
Me di la vuelta y me quedé mirando al techo un momento, dejando que los sonidos se registraran por completo. El tintineo de los platos. El jadeo exagerado de Zara. La burla dramática de Miles. El inconfundible olor a pan tostado y huevos flotaba por el pasillo.
Espera.
En ese momento me di cuenta y me levanté de golpe.
¿Miles?
Miré de reojo el reloj de mi mesita de noche. 7:12 a. m.
No. Rotundamente no.
Est