NARRADOR:
Nea se quedó inmóvil, evaluando la amenaza. Anton no solo la había capturado; había roto su escudo emocional al usar a Oliver. Él sabía que el miedo por su hijo era el único arma que podía neutralizarla.
Dio un paso hacia el sofá, pero se mantuvo de pie, negándose a acatar la orden de sentarse. Sus ojos no se despegaron de la copa de coñac y el teléfono de Logan que reposaba en la mesa.
—¿El trato? —La voz de Nea era baja y áspera, sin rastro de miedo, solo pura ira contenida —Mis tér