—No lo haces —murmuró ella.
Después de pagar la cuenta y dejar una generosa propina, Antonio tomó a Victoria de la mano. Salieron juntos del restaurante, y al llegar a la acera, él la observó con ternura, la besó suavemente en la mejilla y la envolvió en un abrazo largo y sentido. Había insistido en escoger el coche para su hija, ya que ella se mostraba renuente a aceptarlo, alegando que no lo necesitaba. Ahora quedaba pendiente otro paso: dejar la vivienda donde Victoria vivía con su tía y mud