La sentencia
Elena sintió el peso de la tensión en la sala, como si el aire se volviera más denso con cada segundo que pasaba. Todos los presentes habían fijado la mirada en Lev, esperando su reacción, su defensa… su caída.
El hombre tragó saliva, pero no levantó la vista del papel entre sus manos. Sus nudillos estaban blancos por la presión con la que lo sostenía.
—No sé de qué hablas, jefe —intentó decir con voz controlada, pero el leve temblor en su tono lo delató.
Víktor no apartó la mirada