Después de que el alboroto se calmó, León y yo permanecimos en la sala de descanso.
León se acercó con su pequeño cuerpo suave, su voz con un deje de preocupación:
—Mamá, ¿estás triste?
Lo abracé con fuerza, sintiendo su calor y dependencia.
—León... ¿quieres tener un papá? —pregunté en voz baja, mi corazón lleno de complejidad y duda.
—Solo quiero a mamá. Lo que le guste a mamá, le gustará a León; lo que mamá no quiera, León no lo desea —Su respuesta fue simple e inocente, pero conmovió profund