**Mikail**
—¡Krimson! —rugí al cruzar la línea del bosque con Lyra en brazos—. ¡Manda a alguien por el médico, ahora!
Su rostro se tensó al verla, y se acercó un paso, con expresión de espanto.
—¿Está viva? —preguntó con voz ronca, preocupada.
—Apenas —escupí la palabra, con la rabia y el miedo retumbando en mi pecho—. ¡Muévete!
Sin decir más, me lancé hacia la casa.
No podía pensar en otra cosa que no fuera su aliento entrecortado, su piel fría, el olor a sangre empapando mi ropa.
La llevé di