**Lyra**
—¡No me hables así, mocosa! —espetó. Su rostro estaba transformado, fuera de sí—. ¡No después de todo lo que Mikail ha hecho por ti!
Su grito rebotó en las paredes, agudo, venenoso. Mi pecho subía y bajaba con rapidez.
Sentía las manos temblarme, los dedos cerrándose en puños apretados.
Estaba enojada. No, furiosa hasta los tuétanos. A punto de arrancarle esos cabellos semi grises con la rabia de una loba acorralada.
Tragué saliva. Si respondía, sabía que todo empeoraría. Pero quedar