**Lyra**
El primer sonido que me despertó no fue el canto de los pájaros ni el crujido de la madera en los pasillos del castillo. Fue un pequeño gemido hambriento, seguido del leve movimiento de un cuerpecito contra el mío.
Abrí los ojos lentamente, sintiendo el calor del sol colarse por las cortinas. Mi hijo buscaba alimento, y su boquita se movía en un gesto instintivo que me llenó de ternura.
Lo acuné con suavidad y me acomodé, permitiéndole alimentarse mientras le acariciaba el cabello osc