CAPÍTULO 81: LA REVELACIÓN
El rey Alaric dio un paso más hacia Akira, con la misma sonrisa cruel todavía esbozada en su rostro. El eco de su pregunta se repetía en la cabeza de Akira: "¿Pensabas que podrías detenerme?" Sabía que sus opciones eran limitadas, pero no podía permitir que la joven loba fuera sacrificada. Sus ojos se desviaron hacia la chica atada al altar, aterrorizada y en lágrimas. Akira debía actuar rápido, pero no tenía ni voz ni fuerzas para enfrentarse al rey directamente.
Con