Rachel se dio cuenta de que el pastel que le dio Evelyn tenía algo raro, pero ya era demasiado tarde: había pasado un trozo por su garganta.
El sabor extraño la inquietó, y una sombra de temor se apoderó de su corazón. ¿Estaría envenenado?
Con el pánico creciendo en su pecho, corrió en busca de ayuda, encontrándose con uno de los criados en el pasillo.
—¡Necesito ayuda! —exclamó Rachel con voz entrecortada—. Creo que me han envenenado.
El criado la miró con preocupación evidente, pero su resp