Los rumores de la traición de Máximo y Evelyn se propagaron como fuego en un campo seco, llenando el aire con una tensión palpable.
Los pasillos, usualmente silenciosos y majestuosos, se llenaron de voces nerviosas y pasos apresurados.
Evelyn y Máximo corrían por los pasillos, sus rostros descompuestos por el miedo. Cada sombra les parecía una amenaza, cada ruido, el aviso de su inminente captura.
Sabían que no tenían mucho tiempo.
—¡Esto es culpa tuya! —gritó Máximo, empujando a Evelyn mient