Selene
Una semana pasó lenta y tortuosa en la aldea. Desde que Ainara me había confiado la confección de su vestido, mis actividades se habían limitado únicamente a ello; dejé de ayudar a Kaiya en otras labores y ya extrañaba salir con los cachorros a pasear, lavar la ropa en el río y cosechar vegetales. Prefería mil veces ser humillada por el padre de Ilan que tener que elaborar con mis propias manos el vestido que sería testigo de la peor de mis tragedias.
Era medianoche cuando terminé de bor