Un rugido se impuso detrás de nosotros. Sujeté la mano de Seth con fuerza y el no me soltó. Al mirarlo a los ojos me di cuenta que podía identificar que aquella mujer era su madre. Se había quedado paralizado y sus ojos brillaban. Me aferré a él para no dejarlo solo.
El rugido era proveniente del rey, que avanzó para enfrentar a la figura que se acercaba a nosotros. Solo los lobos de la manada real se habían quedado en el bosque, los esclavos habían huido muy lejos, esta oportunidad de escapar