—¿Tiene que ser ahora? —preguntó Seth, con un tono molesto.
—Es una urgencia. —la voz femenina volvió a responder. —Seth, voy a pasar.
—Que ni se te ocurra, Astrid. —gruñó él, mirándome con posesión y luego, tapándome con la manta para cubrir mi desnudez.
Todavía sentía mi corazón latiendo muy fuerte. Esto que me ocurría no era para nada fácil de explicar.
Seth soltó un rugido estrepitoso para mostrar superioridad. Se vistió y salió de allí sin decirme nada. No era comunicativo conmigo. Su mane