Narra Kaia
Desperté con algo que no había sentido en años: hambre real.
No el tipo de hambre nerviosa que acompañaba la huida constante, donde comías lo mínimo porque no sabías cuándo sería tu próxima oportunidad. Esto era hambre profunda, visceral, el tipo que viene después de haber usado tu cuerpo hasta el límite.
El entrenamiento de ayer me había destrozado.
Me senté en la cama despacio, evaluando el daño. Cada músculo protestó. Tenía el cuello rígido, los hombros tensos, y un dolor