Narra Kaia
No dormí, otra vez. Cada vez que cerraba los ojos veía las manos de Serath tocando a Nox como si tuviera derecho, y la furia que eso despertaba en mí era aterradora. Nox me había explicado sobre la marca y sobre la posesividad demoníaca que ahora compartíamos.
Entenderlo debería haber ayudado, pero no lo hizo, porque saber que estos celos eran amplificados por la magia no los hacía menos reales ni menos consumidores.
Me levanté finalmente, rindiéndome al insomnio. Me puse unos panta