Capítulo 18

Meto a mi boca una cucharada de cereal tratando de olvidar la mirada inquisidora de Zed, mi tía lo había invitado a desayunar a regañadientes, al parecer no le agrada tanto como le agrada Abel, no es grosera pero si cortante, y debo admitir que fue todo un suplicio convencerla anoche de que se quedara a dormir, propuesta que sin duda también resultó ser toda una sorpresa para él, cuando colgué el móvil me arrepentí de inmediato al haber dicho que q

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