ARDIAN
El día comenzaba con una luz tenue que se filtraba a través de las cortinas de la habitación. El aire olía a hospital, a desinfectante y a algo indefinido que nunca lograba identificar. Mientras sostenía a mi hijo en brazos, observaba su rostro pequeño y perfecto, con esas mejillas sonrojadas que invitaban a ser acariciadas.
—Eres hermoso —murmuré, sintiendo cómo la calidez de su cuerpo se transfería al mío. Cada pequeño movimiento suyo, cada respiración, era un recordatorio de lo frá