TATIA
El bosque de las montañas lejanas se extendía ante mí como un laberinto de sombras y susurros, un lugar donde los árboles se alzaban como viejos centinelas, y el aire estaba impregnado de un aroma a tierra húmeda y hojas marchitas. Caminaba con cuidado, cada paso resonando en el silencio que predominaba, como un eco de mis propios pensamientos. Sabía que este era un territorio peligroso, uno del que la mayoría de la gente huía, y no sin razón. Decenas de leyendas advertían sobre las cria