Enamorado

Una mañana de viernes el cielo estaba despejado y el sol en su punto más alto. Louis se encontraba trabajando y buscando la salida ante la situación que se había presentado, pues por lo ocurrido con su hermano, la empresa no estaba pasando por un momento fácil y todo parecía estar en retroceso, cuando se supone debía ser todo lo contrario.

¡Tock, Tock, Tock! 

—¡Pasé! —respondió saliendo de sus pensamientos.

—¡Perdón señor Morgan! Espero no ser inoportuna.

—Para nada Yuli ¿Tienes buenas noticias para mí?

—¡Así es! Con algunas mejoras y sacando de nómina su sueldo y el sueldo de su hermano, he podido resolver con los compromisos de ese mes.

—¡Gracias, eres la mejor! 

Enseguida una luz de esperanza entró a su vida con aquella inesperada noticia. Él estaba repleto de trabajos y problemas personales, tantos, que lo sacaban de su realidad y llevaba meses sin visitar un club nocturno, pero al parecer, esto no era algo que interferiría en los planes de Cindy, así que, sin perder más tiempo, ella hizo entrada en su oficina sin primero anunciarse. Esto, realmente lo molestó y no lo ocultó en ningún momento.

—¿Qué diablos haces aquí?

—“Quién tiene sed, sale por agua” ¿No es lo que dice ese viejo refrán?

—¡Permiso! —los interrumpió Yuli y de inmediato abandonó la silla.

—No te tienes que marchar. Esta mujer ya se tiene que ir.

—¡Claro que no! —enseguida objetó.

—Seguiré en finanzas y más tarde le envío todo firmado y sellado.

Él no apartó la mirada de aquella mujer irrespetuosa que tenía de pie, vestida como una ramera frente a él.

—Esto no es necesario —dijo, mientras Yuli caminaba hacia la salida —¡Qué vergüenza!

—Dijiste que regresarías y no pude esperar más por ti, así que decidí venir hasta aquí.

—Yo soy un caballero y te trataré como tal solo por el día de hoy. Necesito que te marches de este lugar y no regreses nunca más.

Ella abrió los ojos como platos —¿Y lo nuestro?

Louis no podía creer lo que estaba escuchando —¡Perdón!

—¿Ya olvidaste la noche tan deliciosa que pasamos? Eso no fue solo un acostón.

Louis había regresado tanto al night club detrás de Ava, que una noche pasada de tragos, volvió a llevar a esa mujer a la cama y aunque no recordaba nada de lo que había sucedido, ella aseguraba que él le había prometido mil cosas.

—Lo que sea que te dije fue una mentira, ahora vete por favor.

—No es así Louis Morgan. Creo que estoy embarazada y estoy muy segura de que se trata de nuestro hijo.

—¡Estás loca! —él no quiso escucharla más, así que la sostuvo por el brazo y la sacó de su oficina. La llevó con la seguridad de la empresa y prohibió su ingreso.

Ella salió con su respiración agitada y muerta de rabia por el gran desplante que aseguraba no merecer. Bajando las escaleras se rompió uno de sus tacones exagerados. ¡Qué bien! Sin dinero para un taxi y con los tacones rotos. Se sentía herida y humillada. Sentía que todos la estaban mirando y esto solo aumentaba su ansiedad.

—¿Te llevó, muñeca?

—¿Se rompió?

—¿Será mujer u hombre?

Las burlas, murmuraciones y miradas extrañas la perseguían en su trayecto de regreso. Estaba tan enojada, que de ser necesario se peleaba hasta con el aire. Fue cuando llegó al parque central para intentar reparar su tacón y en el mismo trayecto se encontró con algo que no podía creer que estaba viendo con sus ojos.

—¡Maldita! Ahora entiendo por qué no me quiere, pero ya vas a ver.

Ella quita su otro tacón y se acerca a Ava, quien estaba comprando unas cositas para sus bebés. Lo que menos esperaba era que el peligro la estaba acechando, así que sin saber nada, pagó lo que llevaría y al salir se encontró con ella de frente.

—¡Cindy!

—Ya sabes que me debes la que me hiciste en el bar ¿Cierto?

Ava se asustó, y cuando intentó huir, sintió como ella la empujó. No sintió nada, fue como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento y solo sintió el golpe al caer sobre su vientre elevado.

—¡Ahhhh! —gritó al sentir un dolor agudo y persistente.

—¡Ojalá se mueran los dos! —esta mujer parecía no tener sentimientos. Solo se marchó y la dejó tirada y gritando de dolor.

Las personas en solidaridad se acercaron, cuando vieron su situación llamaron a la ambulancia y esta muy pronto le asistió.

—Por favor llamen a mi amiga ¡Ahhh! —seguía quejándose de dolor y ya estaba dilatada.

¡Ring, Ring, Ring!

—Puedes regresar Yuli. Así terminamos con la parte de finanzas.

—No podré regresar, estoy llegando a la mansión de su hermano. Me llamaron que sucedió un accidente, al parecer atentó contra su vida.

Louis se puso de pie de inmediato —¿Él, está bien?

—Acabo de llegar y los paramédicos lo están atendiendo.

—Ya mismo salgo para allá.

Él suspiró profundo, mientras su corazón se sentía agitado. Tenía mucho miedo por su hermano. Rápido tomó lo que necesitaría y cuando estaba listo para salir recibió la llamada de Yuli una vez más.

¡Ring, Ring, Ring!

—Voy saliendo Yuli, en unos minutos nos encontraremos.

—Ya Steven está estable y fuera de peligro. Ahora necesito un gran favor, ya que se me presentó otra emergencia.

—Sí, dime.

Ella tomó una pausa y ya estaban subiendo a Steven a la ambulancia —¿Recuerdas a mi amiga Ava?

—¿Ava?

—Sí, tu exesposa.

—¡Claro que sí!

—Ella está en los últimos días de su embarazo y acaba de caerse en el parqué ¿Me puedes asistir? Yo me encargo de Steven, ya vamos de salida.

—¡Espera! —rápido la detuvo en caso de querer terminar con la llamada —¿Es mi hijo?

—Ve e investígalo. Ahora tengo que dejarte, la ambulancia está próxima a salir. ¡Ah! Ya le he avisado a tus padres.

Él bajó lentamente el celular, estaba más que asombrado de lo que estaba escuchando. No solo la volvería a ver, también se enteró de su embarazo. No sabía qué pensar, pero no sé, quedó quieto y salió a toda velocidad hacia el hospital dónde habían llevado a Ava.

—Vengo por Ava, la paciente embarazada que vino en la ambulancia.

—¿Es usted familiar?

—Eso creo —susurro en voz muy baja.

—¿Qué dijo?

—Sí. Soy, soy… Soy su esposo.

—Venga conmigo.

Él, después de intentar lidiar con los nervios que sentía, fue detrás de la doctora. Lo esterilizaron y entraron a la sala de cirugía.

—Debe firmar la autorización de una cesárea de emergencia. La paciente debe ser intervenida, pues los niños pueden estar en peligro por el gran golpe que recibieron debido a la fuerte caída.

Ella, al mirar a donde se encontraba Louis, se llenó de rabia y lo hizo culpable de lo que le estaba sucediendo —¡Es tu culpa! ¡Vete, vete de aquí!

—¿Mi culpa? —respondió de inmediato.

—Sí, es tu culpa. Esa mujer Cindy me empujó. Vete con ella.

Él la miró sorprendido y la doctora interfirió y la anestesióloga la anestesio para iniciar el procedimiento.

—¡Me voy!

—Puede permanecer y conocer a los pequeños.

Él sentía mucha rabia por lo que había escuchado y quería salir a buscar a esa mujer. Estaba pensativo, hasta que se acercó a Ava, quien lloraba de miedo. 

—¡Perdón, perdón! No quiero que les suceda nada a mis bebés —ella se hacía culpable por no aceptar la responsabilidad de los gemelos y llamarlos una carga.

—Tranquila, todo va a salir bien —él se sentía confundido, pues no entendía nada, pero verla llorar lo debilitaba.

Ella lo observó muy seria y justo cuando pensaba en decirle algo, se escucharon las murmuraciones de las doctoras.

—No reacciona.

Lo llevaron a una pequeña camilla para bebés y trataban de reanimarlo, pero él continuaba inerte. Louis dio tres pasos en retroceso y Ava lloraba por lo que estaba escuchando. Todos en esa sala se veían desesperados, pasaron unos minutos y nació la niña. Su llanto se escuchó en toda la sala, pero esto no fue suficiente, Louis tenía la mirada en aquel bebé que tenía la misma mancha que él, en su mano izquierda. Todas las esperanzas estaban perdidas después de haber pasado 20 minutos de reanimación y el pequeño bebé jamás reaccionó.

Louis lloró. Por primera vez sintió su corazón arder y las lágrimas corrían por su rostro. Se acercó sin preguntar y acarició su pequeña cabeza llena de cabellos rojizos. Miró al cielo y se sintió fatal. ¿Ese era su castigo por ser un desgraciado?

—¡No, por favor! A mi pequeño no.

Sin preguntar nada, tomó al pequeño en sus brazos y después de besarlo, lo llenó de lágrimas de dolor. Sintió como su corazón se rompió en pedazos, y lo peor era que no había nada por hacer.

—Permítame señor.

—No.

—Déjame conocer a mi bebé, por favor —dijo Ava trancada en un mar de llanto.

Fue cuando Louis lo llevó a su pecho y ambos lloraron. Muy pronto sintieron como su pequeño y frágil cuerpo tomaba temperatura y sus dedos empezaron a moverse.

—¿Lo viste? —dijo Louis muy emocionado.

—Sí. Doctora, se está moviendo, él está vivo.

Ellas se acercaron y después de destapar sus vías respiratorias y revisar sus pulmones, el pequeño lloró, pero igual, el peligro no había pasado, pues el golpe debido a la gran caída, lo había recibido el pequeño. Las doctoras de inmediato lo llevaron a la UCI neonatal para descartar cualquier posible complicación.

Louis tenía sus manos sudadas y su corazón con latidos locos. Acababa de conocerlos y sentía tanto miedo de que sucediera algo malo. Él se quedó de pie en la puerta de cirugía y una doctora lo sacó de sus pensamientos cuando le entregó a la pequeña bebé en sus brazos.

Él la miró y se enamoró. Después de un beso buscó en su mano izquierda y allí estaba la mancha que solo la familia Morgan llevaba desde su nacimiento.

—¡Bienvenida al mundo, hija mía!

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