Keith se encontraba mas nervioso que su esposa, no podía evitarlo, un enorme temor estaba incrustado en su pecho, quería y rogaba a los dioses que todo saliera bien, le dolía enormemente verla sufrir con los dolores de parto, pero en ese aspecto no había nada que pudiera hacer, solo la ayudaba a caminar hasta que los sanadores aparecieron.
— Su alteza ¿Cómo se siente? — preguntaron mientras la llevaban nuevamente a la cama.
— Duele cada vez más — respondió recostándose—, es más constante