La noche atrapo a Keith de nuevo en el trono, no había velas prendidas, estaba completamente solo en medio de la oscuridad, en sus manos reposaba el broche de su esposa, recorría con cuidado cada detalle del mismo, un pesado suspiro salió de sus labios, él sabía dónde estaba su esposa, no tenía que pensar demasiado, recordaba las palabras del hada meses atrás.
— No te equivocaste, hada— dijo para sí mismo—, volveré ahí llorando, pero no me iré sin ella.
Se levanto finalmente para cruza el s