—¿Entonces todas mis cosas van en otro auto? Se supone que no puedes hablarme. Y asumo que aquí Jeeves tampoco tiene permiso de decir nada, porque no ha abierto la boca ni me ha volteado a ver. ¿Qué se supone que haga durante todo el viaje, picarme los ojos?
—Pensé que, tal vez, solo te dormirías. Jason dijo que la vez pasada te quedaste dormida todo el camino.
—Sí, claro, después de no dormir bien por tres días seguidos, de que Rayna llegara a la manada de la nada para intentar partirme la cara y de rematar con diez horas extras de entrenamiento intenso por puro estrés. Estaba agotada y necesitaba descansar. Son circunstancias diferentes —me costaba mucho trabajo controlar el volumen de mi voz.
—¿Y a qué se debe eso, de todos modos? Lo del sueño. Fue aterrador despertar y escucharte gritar así.
—Te contaré sobre mis hábitos de sueño cuando me digas la verdadera razón por la que nadie tiene permitido hablarme —suspiré de nuevo y me crucé de brazos—. Esto no puede ser de un solo lado, A