Ryker
—Por favor, dime algo. Ya me van a sangrar los oídos y ella lo sabe —se quejó Josh—. Podríamos usarla para tácticas de tortura. En serio. Lo que sea. Déjame decirle algo. Me da igual si le hablo de esas malditas calcomanías, solo deja que le hable.
—No. No la conozco lo suficiente para saber si se le puede confiar la información más básica. Y todos ustedes se mueren por darle gusto. En cuanto los pone a hablar, quién sabe qué tanto va a terminar sonsacándoles. Ya había atrapado a Bennet en el desayuno aquella mañana.
—¿Te refieres a su cita? —intervino Danny. No entendía por qué creía que aquel era un buen momento para sacarme de quicio.
—No fue ninguna maldita cita. Y logró que le dijera todos los detalles de seguridad en cuestión de segundos.
—Es algo que debería saber. Sobre todo si me pasa algo. Necesita saber que hay alguien más cerca para sentirse segura —repuso Bennet.
Era demasiado blando con ella. Debería haberle bastado con saber que había equipo asignado para proteger