Ambos estábamos empapados de sudor y empezábamos a respirar con dificultad. Era una prueba para ver quién aguantaba más. Yo nunca perdía ese juego, pero lo jugaría una y otra vez, cuantas veces ella quisiera.
—Estoy tan cerca, pero quiero que acabes primero —jadeó entre embestidas—. Quiero sentirte dentro de mí.
—Tú siempre acabas primero, cariño. No te preocupes por mí. Me aseguraré de que me sientas por el resto del día.
BANG. BANG. BANG.
—¡VÁYANSE A LA MIERDA! —Dijimos al unísono. Todo el pis