Ben
No quería moverme. No creo que hayamos dormido más de un par de horas la noche anterior, pero no me iban a escuchar quejarme. La piel cálida y suave de Elara bajo mis dedos era lo único en lo que quería concentrarme ese día. Estaba acurrucada contra mi costado, su cabello rojo intenso revuelto y desparramado detrás de ella. Seguía profundamente dormida después de haberse quedado ronca de tanto gemir para mí toda la noche. Creo que oficialmente la había tenido en cada superficie de esa habita