—Entonces lo que dices es que eran más listos que tú. ¿Por qué seguiste obedeciéndola a ciegas?
—Eso hacen los compañeros. Somos ciegos a la verdad. —Di un gran trago de agua. El dolor de la presión me distraía de la bilis que siempre brotaba cada vez que mencionaban a mi antigua compañera—. Ella usó la confianza que ellos tenían en mí y me proclamó líder de la manada. Ninguno discutió, ya que yo ayudaba a tomar decisiones y suponían que tal vez ella intentaba integrarse apoyándome. Era muy buen