—Por fin te tengo, pequeña rompehogares de mierda.
—Podría decir que me sorprende verte, Amy, pero no me sorprende para nada —respondí. Sentí que las piezas del rompecabezas encajaban en su lugar, aunque no todas. —¿Me dirás por qué tu compañero necesitó capturarme?
Bien valía intentarlo. Ella no era de las que respondían con pocas palabras. Con suerte, seguía siendo de lengua suelta.
—Quiero ser una Luna.
—¿No lo eres ya? Tu compañero es el Alfa de este grupo de rebeldes, lo que te convierte e