—No quiero que cambies nunca. Esta será tu ropa de dormir obligatoria por el resto de tu vida.
Ella me rodeó el cuello con los brazos para acercarme a un beso tierno.
—Por más que quiero disfrutar de esto —Se meció de lado a lado sobre mi verga y solté un gemido—. Necesitas relajarte…
—Puedo relajarme, te lo juro —Me quejé un poco; no me importaba suplicarle, y me incliné para un beso más profundo. Pero ella se echó hacia atrás.
—Tengo una mejor idea —Me tomó de las manos y me arrastró hacia la