—¿Qué tiene de malo el comedor? —Podía verlo juzgándome de reojo.
—Entre muchas cosas, ciertas personas no son precisamente agradables. —Lo miré de reojo, sin querer entrar en detalles sobre que Amy es una perra. Me dirigí de nuevo al sofá, sabiendo que no me dejaría salir de allí sin comer—. Si vas a obligarme, quiero algo simple. Un sándwich con papas fritas está bien.
—Por supuesto. —Salió revoloteando como si nada de aquello fuera extraño ni incómodo.
—Hmmm.
No podía evitar el sonido que se