—¡Sarah! ¡¿Es en serio?! —Bennet irrumpió en la habitación, sudando y con la mirada desorbitada.
—Bennet, ¿estás bien? —Me bajé la camiseta y me acerqué a él. No se veía nada bien—. ¿Qué pasa?
—No es nada que no pueda manejar, pero ¿por qué no dijiste nada sobre eso antes? —Estaba herido y muy enojado.
—No tengo permitido hablar contigo ni estar cerca de ninguno de ustedes. No quiero volver a meterte en problemas. —Intenté tocarlo, pero se apartó nervioso, como si fuera en contra de su voluntad.