El viento aullaba a través de los árboles, como si la misma naturaleza estuviera llorando por el destino de los dos amantes. Los lobos reunidos alrededor de la arena observaban en absoluto silencio, conscientes de la gravedad de la situación. Nadie se movía, todos estaban a la expectativa, esperando el desenlace.
Amira, con sus ojos fijos en Zaira, respiró profundamente. Las cadenas en Zeus eran un recordatorio de lo que estaba en juego. Cada segundo que pasaba, su determinación crecía más este