La noche antes del Duelo, la atmósfera era tensa y solemne. David había decidido invitar a Amira a su rincón especial del bosque, un lugar que había sido testigo de momentos cruciales en sus vidas. La luz de la luna iluminaba el camino mientras se adentraban en la oscuridad, creando un contraste mágico entre la serenidad del bosque y la tensión que se sentía en el aire.
David le entregó a Amira una mochila que había preparado con cuidado, guardando también allí su ropa. Esta vez su Luna no hiso