Amira:
—Hola, Ronny, buenos días —saludé con una sonrisa mientras entraba a la oficina.
Ronny, levantando una ceja y con un tono lleno de ironía, me respondió:
—Mira quién apareció, la señorita desaparecida, que no contesta el teléfono ni se digna a venir por aquí.
me rió suavemente, ya estoy acostumbrada al humor sarcástico de mi amigo.
—Sí, Ronny, yo también te quiero y me preocupo por ti —respondí en el mismo tono, acercándome a él—. Pero ya estoy aquí, ¿verdad? Así que cuéntame, ¿cómo va to