La tormenta aún no caía, pero el cielo parecía a punto de estallar.
Gloria contemplaba el caos desplegarse con una serenidad escalofriante. Los gritos le llegaban como ecos lejanos, casi hermosos, como una melodía cuidadosamente compuesta para sus oídos.
Detrás de ella, uno de sus aliados emergió de las sombras.
—¿Quieres que actúe? —Gloria ladeó el rostro, con esa sonrisa altiva que se volvía más peligrosa entre menos expresaba.
—No, aún. —Susurró. —Déjalo correr, déjalo quebrarse. Quiero verl