El bosque era denso, oscuro, y la luna ya no parecía una aliada. Isabel tropezaba a cada paso, su cuerpo aún adolorido por el encierro, las heridas recientes y las antiguas.
Cada rama que le cortaba la piel era un recordatorio de que estaba viva. Ella se había escapado y es lo que importa.
La sirvienta la había dejado en medio de la nada en territorio de nadie, pero aun así le estaba muy agradecida y se juró que, si en caso de que la atraparan, ella jamás revelaría el nombre de la valiente