17. El último intento
Pero Elara no les prestó atención. Continuó acelerando, deslizándose por el camino que se abría frente a ella, el sonido de su motor vibrando en sus oídos. Sabía que no sería fácil, que no la dejarían ir tan fácilmente, pero su decisión estaba tomada.
Desde lo alto de la mansión, en la cima de la residencia, Kaya observaba la escena con una expresión impasible. El viento jugaba con las telas de su bata de dormir mientras sus ojos seguían cada movimiento de la mujer que se alejaba. La escena ant