Apagó su cigarrillo.
Camino con elegancia hacía la parte superior de su enorme recibidor. El hombre de cabellos blanquecinos reparto en su presencia.
— Mi hermosa mujer— Murmuró.
Odette sonrió con simpatía. Con su muerte llegaría una enorme herencia a su nombre.
Era la única manera que ella conocía de poseer al corazón herido. De crear una alucinación de amor.
Su idea del amor.
Algo que jamás se había permitido sentir.
— Henry. ¿Me amas?— Preguntó.
El hombre con una sonrisa. Acarició su