— ¿A dónde vamos señor?— preguntó Iván una vez llegaron al aeropuerto de España, Jonathan ni siquiera sabía con qué cara llegaría a la mansión Larsen.
— Tomaremos un taxi- Exclamó caminando hacía los autos de color amarillo y de aspecto viejo. El pelirrojo se quedó con la boca abierta, en los años que llevaba trabajando con él nunca había pedido un taxi.
—¿No prefiere que le pida un Uber? Debe haber aquí— dijo buscando en su móvil, su jefe negó con la cabeza y volvió a señalar el área de taxis.