—Hans, ¿tú por aquí otra vez esta semana? —Lucas el dueño del club lo saluda con su acostumbrada emoción.
—Necesito liberarme del estrés, ¡Qué te puedo decir! —exclamó y levantó las manos—. Si no soy bien recibido me iré a otro lugar, total, huecos como estos es lo que sobran —agregó de manera despectiva pero a modo de broma.
Lucas se carcajeó y le hizo seña para que caminara, al llegar a su lado lo abrazó por los hombros para caminar juntos a una de las mesas exclusivas
—¿Cómo te ha ido con lo