Capítulo 23. La confesión del secreto
La semana terminó como si el bosque se hubiera quedado dentro de mi piel. Regresamos el domingo de la cabaña, con la promesa silente de guardar en secreto cada huella de lo que pasó allí.
La paz del lago y el silencio de los pinos contrastaban de forma brutal con el tráfico de la ciudad y el rumor de la mansión.
Alejandro condujo serio, como quien ya se pone de nuevo el antifaz de la ciudad. Su rostro había vuelto a ser de piedra, el profesional que lo controlaba todo, pero de vez en cuando, me