Capítulo 19. La trampa de los pasillos
—Entonces… nos vemos más tarde —dije, con una sonrisa que me costó sostener.
Me sentía expuesta. La luz de su despacho caía oblicua sobre los diplomas, como si subrayara su nombre y, por extensión, la inmensidad de lo que yo arriesgaba al estar allí.
Alejandro asintió desde detrás del escritorio, recuperado ya del temblor de la mañana. Fabio estaba junto a la ventana, de brazos cruzados, observándome con una cortesía tan tensa que se sentía como una barrera. Su mirada era un taladro que intenta