La primera señal llegó por la mañana.
Nada dramático.
Simplemente… diferente.
Lo presentí antes de verlo.
Ese cambio en el ambiente cuando entras en una habitación y algo no cuadra, pero nadie lo dice en voz alta.
La pista ya bullía cuando entré; el penetrante olor a hielo y goma se colaba en el aire frío. Los patines trazaban líneas firmes sobre la superficie, los palos golpeaban al ritmo de la música, los entrenadores daban instrucciones a gritos.
Todo parecía normal.
Pero no lo sentía así.
«