A las ocho en punto estaba en el recibidor del hotel y vio entrar a Carlos con una enorme sonrisa.
—Buenos días, Helena ¿Qué tal México?
—Hola, supongo que bien, solo he dormido y ya.
Rieron divertidos y Carlos la llevó del brazo a desayunar.
—Tienes que probar los chilaquiles —la ánimo con entusiasmo —son deliciosos en este lugar.
—Mi madre los preparaba muy ricos.
—Era excelente en la cocina —le afirma Carlos y sonríe al recordarla.
—¿La conociste? —Quiere saber Helena —Es decir, se que sí,