Miguel sabía perfectamente que un ataque frontal contra Cristina sería un suicidio; un movimiento en falso levantaría sospechas de inmediato en la junta directiva y pondría a Máximo y a los socios a la defensiva.
Si de verdad quería sacarla del camino para quedarse con el control absoluto de la empresa y de toda la fortuna, el plan tenía que ser mucho más calculado. Su objetivo era claro: conseguir que, poco a poco, todos llegaran por sí solos a la misma conclusión: Cristina ya no estaba psicol