Capítulo 31: Juegos y Enredos Mentales.
Los días se le estaban haciendo eternos y Cristina sentía que ya no podía con tanta responsabilidad. Pero esa mañana no se podía permitir estar cansada: tenía la reunión más importante del mes. Entró a su oficina, dejó la taza de café sobre el escritorio y se puso a repasar, por tercera vez, lo que iba a decir ante el comité directivo.
A las diez en punto tenía que presentar el informe financiero. Lo había terminado la noche anterior y se acordaba perfectamente de dónde lo había dejado: dentro