Capítulo 16: Donde Termina La Verdad.
Las llamas de los candelabros apenas titilaban, proyectando sinuosas sombras que bailaban en las paredes del salón, mientras todas las miradas permanecían fijas en Miguel.
Cristina sintió los latidos de su corazón como golpes desesperados contra su pecho. Las palabras de Lucrecia habían dado en el blanco, y el aire parecía haberse vuelto más pesado.
Con lentitud, giró la cabeza hacia Miguel y lo miró fijamente, como si intentara arrancarle una respuesta antes de que pronunciara una sola palabra