El sol comenzó a descender lentamente, tiñendo el cielo de naranja y rosa. La brisa fresca del atardecer soplaba suavemente. Las luces de la Hacienda se encendieron una a una, iluminando la casa. A medida que la noche avanzaba, la tranquilidad se hacía más que presente.
En el salón de la Hacienda, Eleanor y su madre se encontraban sentadas en cómodos sillones frente a la chimenea encendida, disfrutando de una copa de vino. El crepitar del fuego y el sonido suave de la música de fondo creaban un