El reloj y el cielo se sincronizaron anunciando un nuevo día, Eleanor y Patrick salieron de casa con sus maletas y mochilas empacadas, se dirigieron hacia el auto que estaba estacionado en la entrada. Cargaron todo en el maletero y se aseguraron de que nada quedara fuera de lugar.
La señorita Grant lucía radiante, su cabello caía en ondas suaves sobre sus hombros y su piel parecía brillar bajo los primeros rayos del sol.
Vestía una blusa blanca de algodón con un par de pantalones de mezclilla a