SARAH
Cuando llegué a casa, todo estaba en penumbra. La única fuente de luz era una lámpara solar situada en una esquina de la mansión. ¿Y los hombres? No se veía a nadie, salvo al guardia de seguridad que me abrió la verja y me dio la bienvenida. El silencio me resultaba extraño: demasiado denso, demasiado deliberado.
Mi corazón latía con fuerza en mi pecho mientras me acercaba a la puerta. Esto no había pasado antes. Llevaba una semana viviendo aquí y era la primera vez que toda la casa parec